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El Observador

Actualizado: 4 de jun de 2018

"Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados". Albert Einstein.




OSAR: Observación – Acción – Resultados

En la base del Coaching Ontológico se encuentra el modelo OSAR, de Rafael Echeverría, cuyas siglas significan Observar, Sistema, Acción y Resultado.


Cuando actuamos generamos resultados, si estos resultados nos gustan, no hay invitación al cambio y continuamos accionando de la misma forma. Pero si estamos insatisfechos, podemos cambiar las acciones que estamos haciendo. Desde la frecuencia con la que las hacemos o incorporando nuevos conocimientos, aprendiendo algo que nos permita hacer distinto para obtener resultados distintos.


Y si aún así, no nos gustan los resultados que obtenemos, ¿qué queda? ¡Nos queda evaluar qué OBSERVADOR estamos siendo!

Entender el concepto del observador, fue transformador en mi experiencia de vida. Este se constituye a partir de la experiencia pasada, de las creencias, de las historias que nos contamos, de la cultura en la cual nacimos. Al lograr entrar en mi observador y desafiar mis propias certezas, pude y puedo abrir nuevas posibilidades.


Entonces, ¿qué es el OBSERVADOR?


Es aprender a vernos a nosotros mismos como si nos viéramos en una película, es una nueva mirada.

Es una alternativa a que haga algo distinto en las mismas situaciones. A que desafíe mis creencias. A que busque creatividad y soluciones distintas. Es una invitación a que observe mi entorno, y en primer lugar me observe mí misma. A que escuche mis pensamientos. Es una pausa mental, en un momento dado en el cual me detengo y re-conozco qué estoy pensando, cómo está mi cuerpo, y qué siento.

Y cuando me observo en distintos ámbitos puede ocurrir que encuentre que estoy siendo distinta, según el entorno en el cual estoy.

El desafío es empezar a encontrar alineación entre mi lenguaje, mi cuerpo y mi emoción.

Es poder aceptar al otro tal como es, y escuchar activamente sus inquietudes. No “pegotearme” con los temas sino reconocerme y reconocer al otro como individuos legítimos que intentan acercar sus “pensares” y sus “sentires”.

Es aprender a indagar, a no llenar los vacíos con mis interpretaciones, a chequear mis intuiciones. Es comenzar a pensar e indagar “¿qué mueve a esta persona a actuar de esta manera? ¿de qué se está haciendo cargo?” E incluso en el afán de resolver las cosas, a preguntarme “¿de qué me estoy haciendo cargo yo?” Es aprender a observar el para qué mío y el del otro, la inquietud en mi y en el otro. En definitiva es aprender a ser Protagonista de mi vida y de mis elecciones. Y una vez que esto se aprende, no hay marcha atrás. Nos hacemos responsables de nuestras vidas.


Estela Pirra.


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