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La Escucha

Hasta que no incursioné en el Coaching Ontológico, poseía un concepto bastante estrecho sobre qué era realmente el acto de “ESCUCHAR”.

En la escuela, en la facultad; lo había comprendido como un proceso en el cual hay un Emisor (el que habla), un Receptor (el que escucha) y un Canal (el medio por el cual fluyen la comunicación).

Cuando volví a rever LA ESCUCHA, aprendí que ESCUCHAR es la suma de PERCIBIR más INTERPRETAR.

En la percepción entran en juego todos nuestros sentidos. Al escuchar, estando presentes en ese acto, escuchamos lo que se dice y lo que no se dice, vemos al otro, observamos su corporalidad, el modo en el que se expresa, percibimos sus emociones. ¿Está relajado o está apurado? ¿Está ansioso o vergonzoso?

En el interpretar se pone en juego lo que YO supongo que está diciendo, y puede que esté totalmente equivocada. Un ejemplo muy sencillo de esto es que alguien puede decir BANCO y yo puedo imaginarme a una entidad financiera, y el otro esta hablando de un asiento.

Escuchar es empezar a reconocer de qué se está haciendo cargo el que habla, para qué dice lo que dice, y qué me pasa a mí con lo que dice.


Y así comprendí el rol activo de la ESCUCHA: solo el escuchar da sentido al hablar.

Podemos hablar y hablar, pero si no hay escucha, no existe una comunicación efectiva.

La conversación es un milagro, y para que ese milagro ocurra en ambas partes hay una responsabilidad de achicar la brecha entre el que habla y el que escucha.


¿Cómo empecé a achicar esta “brecha” desde la escucha?

1. Bajando mi radio interna, el ruido de mis pensamientos. Escuchar, sin estar pensando en qué voy a contestar.

2. Detectando las emociones: desde dónde habla el que habla, qué emociones me surgen al escuchar.

3. Chequeando mi interpretación de lo que escucho. Esto es por ejemplo preguntando cuando vos me decís que querés que no te moleste, significa que no te llame cuando estas en tal lugar?

4. Indagando el para qué el otro me está diciendo lo que me dice: ¿Qué quieres que pase con lo que me estás diciendo?

5. Teniendo presente el contexto, las historias personales, el discurso histórico y las pautas sociales en las cuales operamos.

6. Reconociendo mis capacidades para continuar con la escucha o manifestar la necesidad de postergar esta conversación porque no estoy en condiciones de seguir escuchando. Simplemente puede que no tenga el tiempo suficiente, porque ya tengo otro compromiso. Esto es otorgar un tiempo a la escucha. Recordar que “la escucha pondera el tiempo”.


Para que la conversación sea efectiva, es importante crear un horizonte de inquietudes compartidas. Entre la acción de escuchar y de hablar, debemos crear una intención en común, un sentido.


Y el primer desafío es poder aprender a ESCUCHARNOS a nosotros mismos. Cuando queremos decir algo, para qué queremos decirlo, queremos pedir, queremos reclamar, queremos agradecer. ¿Qué acción esperamos que surja de la conversación? Esta conversación ¿me abre posibilidades o me cierra posibilidades?

Escuchar es invitar al otro o a nosotros mismos a una ACCIÓN, a un hacer distinto por haber podido escuchar la intención, el para qué. Al final cada uno dice lo que dice y el otro escucha lo que escucha.

Es importante en la escucha generar un espacio de apertura y para ello hay que comenzar a trabajar con la conversación privada (lo que no digo) y la conversación (pública). En Ontología se lo conoce como la columna izquierda y la columna derecha. Y el objetivo es poder alinearlas, para que exista una única conversación.


Estela Pirra.

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